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100 años de “El Profeta” de Gibrán Jalil Gibrán

Por: Instituto de Cultura Árabe de Colombia


En septiembre de 1923 se publicó en inglés por primera vez el célebre texto de Gibrán Jalil Gibrán. La primera traducción al castellano la realizó José Guraieb, un intelectual sirio radicado en Argentina, en 1933. “El Profeta” es hoy uno de los libros más traducidos en el mundo, y su sabio mensaje de igualdad y coexistencia resuena con vigencia hasta nuestros días.

Gibrán Jalil, conocido como el poeta del exilio, fue un prolífico intelectual, ensayista, pintor y filósofo nacido en el pueblo libanés de Becharré, a 120 kilómetros de Beirut, en 1883. Tras emigrar a Estados Unidos en 1895 con su familia, se establece finalmente en Nueva York, donde junto con otros escritores árabes levantinos emigrados, exponentes de la literatura del mahyar, funda la Liga Literaria, o Al-Rabiṭa al-Qalamiyya - الرابطة القلمية .



Esta fue la primera asociación literaria creada por inmigrantes árabes en las Américas, en 1916, seguida por la Liga Andaluza o Al-Usba al-Andalusiyya, creada en Sao Paulo en 1932. Otros famosos escritores y poetas del mahyar adscritos a la Liga Literaria fueron Mikhail Nuayima y Ameen Rihani. La Liga se crea con la finalidad de conservar la lengua árabe en la diáspora, y renovar la literatura árabe, que consideraban estaba estancada.

Integrantes del grupo Al-Arrabitah o La Liga de la Pluma De izquierda a derecha y de arriba abajo: Naseeb Arida, Raschid Ayoub, Mikhail Naimy, Elia D. Madey, Gibran Kahlil Gibran, Abdul Massih Haddad, William Catzeflis, Ameen Rihani, Wadi Bahout y Nudra Hadad. Cortesía: Museo Soumaya


Los escritores del mahyar norteamericano fueron innovadores que mostraron poca reverencia por los estilos clásicos árabes, contribuyendo así a efectivamente rejuvenecer la poesía árabe. Asimismo, fueron pioneros en introducir la espiritualidad oriental, y los mitos árabes y fenicios a la literatura árabe. En general, los escritores del mahyar se consolidaron como importantes figuras culturales dentro de sus comunidades y en relación a sus comunidades de acogida, apoyando y facilitando los procesos de integración.


Te amo cuando te inclinas en tu mezquita, te arrodillas en el templo, y oras en tu iglesia. Tu y yo somos hijos de una religión, y es el espíritu. Gibrán Jalil Gibrán

Gibrán Jalil Gibrán publica también obras en árabe, pues solía retornar a su país natal por temporadas, logrando perfeccionar su manejo. También aprendió francés y realizó cortas estancias en Paris, pero fue mediante el idioma inglés que logra publicar sus más famosas obras. Fallece en 1931 a los 48 años de edad, en Nueva York. "El Profeta" ha sido traducido a más de 100 idiomas. Le sigue “El Jardín del Profeta”, parte de una trilogía incompleta.


“El Profeta” consiste de 26 breves ensayos en prosa poética, que versan sobre temas como el amor, el trabajo, el matrimonio, la crianza, la belleza, y la libertad, entre otros. Es realmente un tratado humanista que evoca la paz, los derechos humanos, y que llama al diálogo de civilizaciones.


Para conocer más sobre su legado y obras inéditas, revisa el Museo Soumaya.


Lee El Profeta aquí.

Primera traducción al español, por José Guraieb, en 1933.



Una selección de "El Profeta"



Del matrimonio


Nuevamente Almitra habló y dijo: «¿Qué tienes que decirnos del matrimonio, Maestro?». Y esta fue su respuesta: «Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre. Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios. Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios. Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión. Mejor es que sea un mar que se mezcla entre las orillas de vuestra alma. Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una. Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza. Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces. Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música. Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él. Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones. Y permaneced juntos, mas no demasiado juntos: Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados. Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro».



De los hijos


Y una mujer que estrechaba una criatura contra su seno se acercó y dijo: «Háblanos de los hijos». Y él respondió: «Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, ansiosa por perpetuarse. Por medio de vosotros se conciben, mas no de vosotros.

Y aunque estén a vuestro lado, no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor; no vuestros pensamientos: porque ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis albergar sus cuerpos; no sus almas: porque sus almas habitan en la casa del futuro, cerrada para vosotros, cerrada incluso para vuestros sueños.

Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no tratéis de hacerlos como vosotros: porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Sois el arco desde el que vuestros hijos son disparados como flechas vivientes hacia lo lejos. El Arquero es quien ve el blanco en el camino del infinito, y quien os doblega con Su poder para que Su flecha vaya rauda y lejos. Dejad que vuestra tensión en manos del arquero se moldee alegremente. Porque así como Él ama la flecha que vuela, así ama también el arco que se tensa».


De la enseñanza


Entonces un maestro dijo: «Háblanos de la enseñanza». Y él respondió: «Nadie puede revelaros nada que no yazga aletargado en el amanecer de vuestro conocimiento. El maestro que pasea a la sombra del templo entre sus discípulos no da su sabiduría, sino más bien su fe y su afecto. Si es de verdad sabio, no os obligará a que entréis en la casa de su sabiduría: os guiará sólo hasta el umbral de vuestro propio espíritu. El astrónomo puede hablaros de su conocimiento del espacio, mas no podrá daros ese conocimiento mismo. El músico podrá describiros el ritmo que existe en todo ámbito, pero no podrá daros el oído que capta ese ritmo ni la voz que le da eco.


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