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La danza y su nombre

Actualizado: 1 ago 2023

Por: Johanna Paola Vargas Núñez*


"¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos una rosa por cualquier otro nombre olería igual de dulce." - William Shakespeare, Romeo & Julieta.

Nuestro primer acercamiento al Suroeste de Asia y Norte de África (SOANA, alternativa más coherente para reemplazar el común término “Medio Oriente”) suele estar asociado a imágenes de mujeres en vestidos translúcidos con el vientre descubierto y que bailan al son de músicas enigmáticas. A esto lo llamamos “Danza Árabe”. Pero, ¿a qué nos estamos refiriendo cuando usamos ese nombre?


Como bien lo sabemos, los países árabes son aquellos donde esa lengua es la predominante, entre ellos comparten algunas costumbres y todos pertenecen a la Liga Árabe. Estos países tienen una importante diversidad cultural, y sus danzas incluyen, entre otras, la Regada y el Shaabi marroquí, el Guedra Amazigh, el Chaoui y el Kabyle de Argelia, el Fazzani tunecino, la Hagalla libio-egipcia, el tahtib egipcio, el dabke levantino, el Raqs al Nasha’at de la Península Arábiga, entre muchas otras.


Lo que la mayoría de nosotros piensa cuando escucha “Danza Árabe” no son estas tradiciones, sino un estilo difundido por las películas de la época dorada del cine egipcio: el “Raqs Sharqi”, cuyas representantes son las bailarinas Samia Gamal, Taheya Carioka y Naima Akef, estrellas durante los años treinta y cincuenta del siglo XX.


En los estudios de danzas del SOANA se han incluido todos estos estilos dentro de los términos “Danza Árabe” y “Bellydance”, extendiendo esta denominación a algunas danzas basadas únicamente en la fantasía, como son las danzas con elementos de tela, las danzas de balanceo de sables y las fusiones (y confusiones) con otros géneros. Se busca diversificar la oferta para los estudiantes pero en ese proceso, se crean muchas contradicciones conceptuales que llevan a un pensamiento simplificador sobre la realidad de los pueblos a los que pertenecen estas tradiciones.



Retraro de Johanna Paola Vargas Nuñez



¿Cuál es el problema? El término “Bellydance” tiene un pasado orientalista que se basa en la explotación del exotismo asociado al SOANA para vender espectáculos a la sociedad estadounidense de finales del siglo XIX. Si bien se habla de “Danzas Árabes” a veces se mete bajo un mismo paraguas a algunas danzas de la zona de influencia persa y turca, que por definición, no son árabes. Además, los pueblos Imazighen (mal llamados bereber) no se reconocen como parte de los pueblos árabes.


En un video en vivo transmitido en Facebook por Nawarra Dancer (bailarina marroquí residente en Reino Unido) y Karim Nagui (músico egipcio basado en Estados Unidos), proponen una solución: describir cada danza con su propio nombre y renunciar al deseo de agrupar todo dentro de un sólo término. De hecho, en otro video en vivo con Mohamed Shahin, Randa Kamel y Mo Gedawi (bailarines y coreógrafos egipcios) ellos explican que la danza tradicional de Egipto como país es lo que ellos llaman Raqs Baladi, que es la base del Raqs Sharqi, de forma que sería correcto llamar a este estilo “danza egipcia”.


¿Por qué es esto importante? Si bien una rosa sigue siendo ella misma con otro nombre, las palabras nos ayudan a comprender el mundo. Nuestra insistencia de usar un sólo término para estas danzas es una necesidad que responde a la simplificación orientalista del pensamiento colonialista occidental. Al no identificar el origen de cada una de las danzas que estamos utilizando, invisibilizamos a los pueblos a los que pertenecen.


Rosa Egipcia, ciudad de Fayoum. Foto: Reem Awad



*Johanna Paola Vargas Nuñez es bailarina y docente de Danzas del SOANA. Directora de la Escuela y Compañía Elixirdanza. Cuenta con veinte años de experiencia en múltiples proyectos y eventos de circulación, creación y formación.


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