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La lucha por Palestina en Colombia

Actualizado: 30 abr

Por: Dalgys Carbal Reyes*


El Instituto de Cultura Árabe de Colombia junto con la comunidad palestina en Colombia y el Comité Colombiano de Solidaridad con Palestina, realizaron el 18 de abril el webinar "La lucha por Palestina en Colombia; Historia, cultura y política", con las intervenciones de Nassim Rubi, Laura de Moya-Guerra, Gabriel Levine-Drizin y Benjamin Gaillard-Garrido.

En este espacio virtual abierto, se hizo un trazado de la larga historia de la comunidad palestina en Colombia, remontando a la primera mitad del siglo 20, para explorar algunas de sus expresiones culturales y de sus luchas por reforzar la solidaridad entre la diáspora y su país de origen. Se abordaron también algunos de los lazos económicos, políticos y militares que el gobierno colombiano ha establecido con el Estado sionista y finalmente daremos una breve introducción al Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI), una herramienta importante en la lucha por la liberación palestina.



El evento contó con Benjamín Gaillard-Garrido como moderador, estudiante de doctorado de la Universidad de Nueva York y que trabaja en el área de economía política y catolicismo en el siglo XIX; Laura de Moya-Guerra, politóloga de la Universidad del Norte en Barranquilla, Magíster en Historia, y estudiante de doctorado en la Universidad Rutgers, y cuyas investigaciones se enfocan en el ámbito de movilidades, migraciones y diáspora árabe en Colombia en el siglo XX; Nassim Mohammed Rubí, comunicador social y audiovisual colombo-palestino, y representante de la Comunidad Palestina en Colombia; y Gabriel Levine-Drizin, estudiante de doctorado en Historia en la Universidad de Nueva York, interesado en el estudio de la toma de tierras rurales y urbanas en Cali en el siglo XX.


Para dar inicio, Laura de Moya-Guerra hizo una introducción acerca de las relaciones entre Colombia y su diáspora árabe, cuyo orígenes están en el siglo XIX. Abordó temas importantes, como el hecho de que, a principios, las relaciones eran ciertamente complejas, y que el Estado colombiano demostraba rechazo, exclusión y conductas de arabofobia hacia la población de origen árabe.

"Esto se dio, básicamente porque no eran migrantes blancos del norte de Europa, sino que provenían principalmente de Palestina, Siria y el Líbano, así que no eran “suficientemente blancos”. En consecuencia, se perpetuaron narrativas hegemónicas y discriminatorias hacia los llamados “indeseados”.

Laura ilustró con un caso que evidencia el claro rechazo que sentía el gobierno hacia esos "indeseados": para 1931, en los puertos, donde se daba el principal flujo migratorio, se decretó un sistema de cuotas de inmigración para la entrada de inmigrantes de, exclusivamente, ciertas nacionales como chinos, libaneses, lituanos, yugoslavos, palestinos, sirios y turcos. Dicho sistema de cuotas establecía que la entrada máxima en los puertos sería de 10 inmigrantes al año. Es decir, que, si en un desembarque en Puerto Colombia había 11 migrantes palestinos, sólo podían entrar 10, dejando uno atrás, prohibiéndole la entrada y deportándole.  


Sin embargo, con el tiempo, las tensiones fueron cediendo, y dieron paso a relaciones más estrechas y fortalecidas. Contrario a las narrativas, prejuicios y estereotipos, los migrantes árabes comenzaron a asentar el comercio y a mezclarse con la sociedad receptora. Por otra parte, la deconstrucción de esas narrativas ha permitido desentrañar los imaginarios que se tienen de los palestinos y su tierra natal, visibilizando la lucha activa en la vida de los migrantes palestinos asentados en Colombia.  


Desde una perspectiva más vivencial, Nassim Rubi recalcó el hecho de que, con la Nakba de 1948 y el establecimiento del Estado de Israel, el flujo de migrantes palestinos incrementó, de allí a que se considere como la Comunidad Palestina en Colombia, un grupo de personas de origen o nativas de Palestina que han llegado al país, o que han nacido en el contexto de la migración en la diáspora palestina. En Colombia, las comunidades palestinas se suelen concentrar en la costa Caribe, en ciudades como Barranquilla, Maicao, Valledupar, y en el interior en la capital Bogotá, Pasto, Cali y Medellín.


Agregó que a raíz del 7 de octubre, la Comunidad Palestina en Colombia ha abrazado el compromiso y la responsabilidad de organizarse aún más, de conocer cuántos palestinos residen en Colombia para amplificar el trabajo en pro de la defensa de las aspiraciones legítimas del pueblo palestino. Nassim hizo especial énfasis en la herencia cultural que tienen los descendientes palestinos en el exilio para reivindicar su tierra natal, su patrimonio e historia:

“los palestinos en el exilio o los descendientes palestinos nacen ya con una responsabilidad preestablecida sobre su misma causa” [...] “tienen la responsabilidad de reivindicar su causa en su generación y en las generaciones que vengan”.  

En el caso colombiano, se ha buscado desde la Comunidad Palestina promover ese sentimiento y esa responsabilidad heredada en los descendientes palestinos, y la solidaridad de aquellos que simpatizan con la lucha palestina, y, en palabras propias de Nassim, de:

“hacer presión al gobierno, que afortunadamente, en este caso ha sido más amable con la situación actual, para que no sólo se quede en el tema de las palabras, sino que también se vaya a la realidad de censurar y cortar con todas las luces que se le está dando al sionismo con toda su propaganda engañosa que quiere seguir dominando la opinión pública del mundo occidental [...], y cortar con las relaciones con Israel, especialmente en el intercambio de armamento”.

Asimismo, señala como que a raíz de la propaganda de Israel, la historia del pueblo palestino se ha demonizado y deshumanizado, y que, tras el 7 de octubre, el descontento en la sociedad y el rechazo a los descendientes palestinos se ha hecho evidente, incluso en los medios de comunicación. Sin embargo, manifiesta que, así como el descontento ha aumentado,

"las comunidades de palestinos en exilio en todo el mundo se han unido y fortalecido para condenar y rechazar todo acto de violencia, el genocidio de Israel en la Franja de Gaza y para exhortar a un cese al fuego, y que, en un futuro, Israel pueda ser juzgado por todos los crímenes que ha cometido contra el pueblo palestino".

Por su parte, Gabriel Levine-Drizin compartió sobre las causas de la ruptura estructural entre Israel y Colombia. Inició mencionando cómo estas relaciones siempre han sido estrechas, aun cuando, pese a que Colombia reconoció a Israel como Estado desde su creación, las relaciones diplomáticas se establecieron una década después. Con la formalización de las relaciones diplomáticas, se dieron interacciones meramente bélicas, de entrenamiento —y su influencia en el paramilitarismo en Colombia—, e intercambio de tecnología y conocimientos cívico-militares. De igual forma, hubo un acercamiento en el área de la economía y el sistema productivo que tenía Israel, con su agricultura más avanzada que en Colombia.  


Dichos intercambios desembocaron en una reconfiguración de la narrativa de Israel, esta vez como un símbolo de lucha, y, desde los medios de comunicación, comenzaron a fomentar el interés por la "causa de Israel", mostrándolo como un país que seguía luchando y avanzando pese a la adversidad. Gabriel resalta el hecho de que, pese a dichas relaciones fuertes, en Colombia había un movimiento de oposición a tal simbolismo y narrativas, como la prensa alternativa, la cual mostraba la realidad de la ocupación y el racismo detrás del sionismo.   También recalcó cómo el presidente Petro se ha manifestado varias veces, haciendo un llamado a la paz y al cese al fuego, mostrando su simpatía con Palestina, y señalando su voluntad por dejar de comprar armas a Israel.

 

Para finalizar, se introdujo el PACBI como estrategia de lucha pacífica del pueblo palestino y sus aliados, y la campaña sionista que sataniza y deshumaniza a los palestinos, y que usa el antisemitismo como medio para censurar las críticas hacia Israel. Con la maquinaria de propaganda sionista, se intenta invisibilizar el genocidio en Gaza, y se normaliza el uso de la violencia contra este pueblo que ha sido históricamente excluido, subyugado y colonizado.


Por ello, PACBI se considera una herramienta importante y estratégica para manifestar el descontento global contra las instituciones académicas y culturales sionistas que motivan y ayudan a perpetuar la violencia y la violación de los derechos de los palestinos. Para conocer más sobre la campaña para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI), haz click aquí.


 

*Dalgys Carbal Reyes es Líder de Investigación y Gestión del Conocimiento en el Instituto de Cultura Árabe de Colombia, y estudiante de noveno semestre de Relaciones Internacionales en la Universidad del Norte.




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