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Las palabras como refugio: Poemas para refugiados árabes y latinos

Actualizado: 1 ago 2023

Por: Instituto de Cultura Árabe de Colombia

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció oficialmente el 20 de junio como Día Mundial del Refugiado en diciembre del 2000. Por eso, se celebra por primera vez a nivel internacional en 2001, a razón de la conmemoración del 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

Esta fecha de relevante conmemoración en nuestro presente tiene como propósito fomentar la inclusión de esta problemática en la agenda internacional, para focalizar el interés mundial sobre la tragedia que viven quienes son forzados a movilizarse fuera de su lugar habitual de residencia. A su vez, busca crear condiciones que permitan generar garantías para sus derechos y su calidad de vida.

Desde el Instituto de Cultura Árabe de Colombia, contribuimos a cambiar narrativas. Creemos que un mundo más incluyente y equitativo no solo es posible, sino que también necesario. Al sumarnos a esta conmemoración, le apostamos por visibilizar lo fundamental que es contribuir a la seguridad e integración de todas las personas en condición de movilidad humana.



Recuerdo de “Las palabras como refugio: Relatos de Siria y Venezuela”, conversatorio y recital conmemorativo que contó con la participación de migrantes venezolanos y sirios, con ocasión del Día Mundial del Refugiado, realizado por el Instituto de Cultura Árabe y ACNUR, con la apoyo de Nido de Libros y la Agencia Cultural 780 en Barranquilla, el 22 de junio de 2023. Foto cortesía de ACNUR.


El refugio: Drama común en el mundo árabe y América Latina


En ambas regiones, existen dos fenómenos migratorios importantes, uno desde la República Árabe de Siria y otro desde la República Bolivariana de Venezuela, ocasionados por la guerra que data a comienzos de 2011, y por la crisis humanitaria y económica que atraviesa el país, respectivamente.


De acuerdo al Informe de Tendencias Globales de Desplazamiento Forzado en 2022 de la ACNUR, en Colombia se han acogido a más de 2,5 millones de personas en condición de movilidad humana provenientes de Venezuela, y el país ocupó el segundo lugar a nivel mundial en número de desplazados internos, con 6,7 millones de personas. Por otro lado, de Siria se menciona que 6,5 millones de personas provenientes de ese país están precisando protección internacional. Otra gran crisis en el mundo árabe, y de hecho la población más antigua de refugiados, es la de Palestina. La crisis inicia entre 1946 y 1948, y en 1950 inicia operación la UNRWA - Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, con 750,000 refugiados registrados. Cabe resaltar que es el único organismo de la ONU dedicado a brindar apoyo a una comunidad de refugiados en específico y existen 5.9 millones de refugiados bajo su mandato, de los cuales, 1,4 millones están ubicados en 58 campos de refugiados en Oriente Próximo, dirigidos por dicha organización.


Para muchas personas que se encuentran lejos de sus hogares, separados de sus patrias, y añorando recrearlas a la distancia o volver a ellas, las palabras se convierten en refugio. Como diría el poeta nacional palestino, Mahmoud Darwish, refugiado el mismo, en su poesía "Yo Soy de Allí": He aprendido, para romper la regla, todas las palabras apropiadas en el tribunal de la sangre. He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer una única palabra: Patria…”


A continuación, una selección de poemas venezolanos y palestinos, para conmemorar las vidas en tránsitos, remembrar los hogares perdidos, celebrar la resiliencia, y apostar por la esperanza de un mejor futuro. Selección de poemas venezolanos a cargo de la Agencia Cultural 780.





Imágenes del conversatorio "Las palabras como refugio: Relatos de Siria y Venezuela".


Poema migrante


Escrito en vivo con las voces de emigrados venezolanos y anfitriones mexicanos. Fueron más de 200 personas las que sumaron sus propias líneas.

Migrar es tocar tierra sin mi familia; tierra donde extrañar se vuelve tu apellido.

Abrazar un silencio sordo, anidar una grieta, volver a comenzar.

Migrar rompe los paradigmas; es sembrar el alma, dejar de ser de algún lugar para ser de todo el mundo. Es hacerse infinito hacia dentro. Es florecer.

Migrar es tocar tierra, y yo siempre he estado en el aire… pero el aire no tiene fronteras.

Es tocar los recuerdos con la mente, sumar voluntad y valentía. Volver a ser, reconstruirse, Viajar a otro suelo que nos da cobijo, Soñar con el regreso, Definirte y redefinirte, dudar, luchar, Encontrarse con tu «otro».

Migrar es tocar tierra que no te pertenece, Ajena, distinta, desconocida e incierta. Es aprender a hablar volando hacia adentro, desplazarse y cambiar, abrir el corazón en presente.

"El susurro del exilio"


Juan Carlos Méndez, poeta venezolano.

En la oscuridad del abrazo inclemente, entre lágrimas y sueños quebrantados, el destello de una patria doliente resuena en el corazón de los desterrados.

Cruzan fronteras, sin mirar atrás, dejando huellas de un pasado amado, buscando un refugio, un nuevo compás, donde se borren los dolores callados.

Sus pies cansados recorren caminos, que parecen infinitos e interminables, buscando cobijo en rincones divinos, esperando encontrar días más amables.

Las palabras, sus armas más valientes, tejen versos que alzan su voz dolida, la poesía se convierte en puente, un alivio en su angustia compartida.

Desde la lejanía, sus versos hablan, del amor perdido en tierras extrañas, la nostalgia en sus versos se desgarran, y suenan como canciones sin mañas.

Refugiados, símbolos de resistencia, portadores de una historia implacable, en sus ojos vive la esperanza intensa, que nunca podrán arrebatarles.

En la pluma del exilio se funden, los matices de un pueblo que emigra, y en cada verso, sus penas se hunden, mientras el alma de Venezuela suspira.

Así, en el lienzo de la poesía, los refugiados escriben su destino, tejiendo hilos de esperanza y valentía, en cada verso, un grito clandestino.

Que su voz se alce, que sus letras vuelen, que el mundo entero escuche su clamor, los refugiados, como estrellas que brillan, son luz en medio de la oscuridad y el dolor.

Este poema pretende dar voz a la experiencia de los refugiados venezolanos, su lucha, su esperanza y su valentía en medio de la adversidad.


No lloraré

Fadwa Tuqan, poetisa palestina.


A las puertas de Yafa, amigos míos, y entre el caos de escombros de las casas, entre la destrucción y las espinas, dije a los ojos, quieta: Deteneos… Lloremos sobre las ruinas de quienes se han marchado, abandonándolas. La casa está llamando a quien la edificó. La casa está dando el pésame por él. Y el corazón, deshecho, gime y dice:

¿Qué te han hecho los días? ¿Dónde están los que antes te habitaban? ¿Has sabido de ellos? ¿Has sabido después de su partida? Aquí soñaron, sí, aquí estuvieron, y trazaron los planes del mañana. Mas, ¿dónde están los sueños y el mañana? Y, ¿dónde, dónde ellos?

Los restos de la casa no dijeron palabra. Allí, habló sólo la ausencia, el callar del silencio, el abandono. Allí se amontonaban los búhos y los fantasmas, extraños en los rostros, las manos y la lengua; en su entraña metiéndose, en ellas extendiendo sus orígenes. Allí… Y tantas cosas más… Mientras el corazón se ahogaba de tristezas.

¡Amadísimos míos!: Me limpié de los párpados la niebla gris del llanto para ir a vuestro encuentro. En mis ojos había una lumbre de amor y de esperanza en vosotros, el hombre, y en la tierra. ¡Ay, vergüenza, si me hubiera acercado a vuestro encuentro con el párpado trémulo, mojado, y el corazón desesperado y roto!…

Aquí estoy, amados míos, con vosotros; a coger una brasa de vosotros; a tomaros, ¡candiles de la noche!, una gota de aceite para mi lámpara. Aquí estoy, amados míos, con mi mano tendida hacia la vuestra; bajando mi cabeza, aquí, ante las vuestras; elevando mi frente, con vosotros, al sol. Aquí estoy, con vosotros fuertes como las rocas de nuestros montes, y aquí estáis vosotros, dulces como las flores de nuestra tierra. ¿Cómo van a aplastarme las heridas? ¿Cómo podrá aplastarme la desesperación? ¿Cómo voy a llorar ante vosotros?… Juro, a partir de hoy, no llorar.

¡Amadísimos míos!: el alazán del pueblo ha superado el tropiezo de ayer, y tras el río, los héroes se yerguen. Escuchad muy atentos, que el alazán relincha confiado en su asalto; que ya escapa al asedio de la oscura desgracia, y corre hacia su puesto sobre el sol; mientras compactos grupos de jinetes le bendicen y juran devoción, le rocían con humo de limpias cornalinas, con sangre de corales, le dan de su despojos copiosísima alfalfa, y le aclaman, lanzando: ¡Corre al ojo del sol! ¡Corre, alazán del pueblo! Que tú eres la señal y el estandarte, y nosotros la cohorte que te sigue. Ya no puede pararse la marea, la pasión y la ira; ya no puede caer en nuestras frentes, sin luchar, el cansancio; ni quedaremos quietos, hasta haber expulsado a fantasmas y sombras.

¡Amadísimos míos!… ¡Candiles de la noche! ¡Hermanos en la herida! ¡Oh, semillas de trigo, levadura secreta! El muere para darnos. Aquí, nos da, y nos da. Yo ando vuestros caminos, y heme aquí, ante vosotros. Junto y lavo las lágrimas de ayer, y me planto, lo mismo que vosotros, en mi tierra y mi patria. Lo mismo que vosotros, voy sembrando mis ojos en la senda del sol y de la luz.


Sin exilio, ¿Quién soy?


Mahmoud Darwish, poeta palestino.


Extranjero a orillas del río, como al río... me ata a tu nombre el agua. Nada me devuelve de mi lejanía a mi palmera: ni la paz ni la guerra. Nada me incorpora a los Evangelios. Nada... Nada brilla mientras sube y baja la marea entre el Tigris y el Nilo. Nada me apea del bajel de Faraón. Nada me tiene o hace que yo tenga una idea: ni la nostalgia ni la promesa. ¿Qué haré? ¿Qué haré sin exilio, sin una larga noche que escrute el agua?

Me ata a tu nombre el agua...

Nada me lleva de las mariposas de mi sueño a mi realidad: ni el polvo ni el fuego. ¿Qué haré sin la rosa de Samarcanda? ¿Qué haré en una plaza que bruñe a los rapsodas con piedras lunares? Tú y yo nos hemos vuelto tan ligeros como nuestros hogares a merced de los vientos lejanos. Hemos trabado amistad con los raros seres que habitan las nubes... Nos hemos liberado del peso de la tierra de la identidad. ¿Qué haremos... qué sin exilio, sin una larga noche que escrute el agua?

Me ata a tu nombre el agua...

Sólo tú quedas de mí, sólo yo de ti, un extranjero que acaricia el muslo de su extranjera: Oh extranjera, ¿qué vamos a fabricar en esta calma que apuramos... en esta siesta entre dos mitos? Nada nos tiene: ni el camino ni la casa. ¿Fue este camino así desde el principio, o acaso nuestros sueños hallaron una yegua de los mongoles sobre la colina y nos sustituyeron? ¿Qué haré? ¿Qué sin exilio?


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