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Ramadán en Palestina

Por: Rocio Nathaly Pérez Vargas*


Esta es una historia de transformación, de reconocer, valorar y amar una cultura tan exquisita como la árabe. Todo inició cuando tuve la oportunidad de realizar un curso en Palestina, recibí comentarios como: “Es una sociedad machista, ¿por qué te vas a estudiar allá?, en ese lugar del mundo vas a vivir de cerca el terrorismo…”

Este tipo de percepciones que tenemos frente a la cultura y sociedad árabe está muy lejana a la realidad, se debe al tipo de información que recibimos por diferentes medios comunicativos. Por supuesto que estas regiones cuentan con problemáticas sociales, políticas, educativas, entre otros, al igual que todas las naciones del mundo. Sin embargo, no hay nada como tener una experiencia en un país árabe para descubrir la realidad, para conocer la amabilidad de la gente y sin importar tu nacionalidad, idioma, género siempre te hacen sentir como en casa. En conclusión, estando en varias ciudades de Palestina nunca me sentí discriminada, nunca vi algún hecho violento (excepto cuando un ejército colonial usa la fuerza para intimidar a los ciudadanos y comunidades que allí habitan).


Desde mi experiencia viviendo en Palestina, tuve la posibilidad de identificar una serie de transformaciones sobre esas percepciones, las cuales iniciaron cuando visité la Mezquita de Al-Aqsa. ¡Que lugar tan espiritual, pacífico y armónico! Nunca en la vida me había sentido con esa sensación de tranquilidad. Fue en este momento cuando decidí conocer el islam, comprender esta filosofía de vida.


Por lo anterior, una de las mejores formas de acercarme a esta cultura fue viviendo un Ramadán en Palestina. Esta es la principal festividad islámica y se celebra la revelación del Corán. Corresponde al noveno mes del calendario islámico lunar y es el más sagrado para los musulmanes. Es un periodo de ayuno, oración, reflexión y comunidad. Durante un mes se ayuna desde que sale el sol hasta el ocaso. En este periodo de tiempo, no se come ni bebe, y existen una serie de reglas comportamentales que hacen parte de este tiempo de renovación y limpieza del cuerpo.


Vista nocturna de la emblemática Puerta de Damasco, o Bab-al-Amud, una de las entradas a la ciudad vieja de Jerusalén. Foto cortesía de Rocio Nathaly Pérez Vargas.


La primera impresión que tuve durante el Ramadán fue la de unión familiar, festividad, celebración, y alegría. Todo es muy colorido, en las calles se ven luces y decoraciones.

Una de las mejores experiencias que he tenido es la de romper el ayuno en la Mezquita Al-Aqsa. Al ocultarse el sol se realiza la oración, es mágico estar en uno de lugares más sagrados para el islam y además en la celebración más importante para esta religión. Rodeada de miles de musulmanes recitando la siguiente oración en el momento previo a romper el ayuno: “Allah-umma innee laka sumtu wa bika 'aa-mantu wa' alaa rizqika aftartu”-“Oh Allah, por Ti he ayunado, y por Tú provisión he roto el ayuno”. Mi primer rompimiento de ayuno, sin duda lo quería hacer en la Mezquita, allí siempre me abrieron las puertas, aprendí sobre los pilares del islam, las oraciones, el idioma árabe, entre muchas tantas cosas.


Posteriormente me dediqué a visitar varios pueblos palestinos. Principalmente estuve en diferentes villas en Hebrón, y estuve con las familia Zhour, Qawasmi y Turman. Para la celebración de las cenas de rompimiento de ayuno, o iftar, nos reuníamos familias enteras, casi siempre después de la oración todos tomábamos agua y posteriormente disfrutábamos de las maravillas culinarias. Tuve la oportunidad de probar delicias como el musakhan, maqluba, mahshi, tabbule, hummus, falefel y los infaltables postres como kanafeh y baklava.

Hojas de parra y kusa (calabacín) rellenas de iftar, o comida de rompimiento del ayuno, con una familia palestina. Cortesía de Rocio Nathaly Pérez Vargas.


Esta experiencia me hizo acercarme aún más al islam, conocer sus ámbitos políticos, educativos, literarios, religiosos y cada vez me interesa más seguir aprendiendo, leyendo, visitando países como Egipto, porque tienen una riqueza que todos deberíamos conocer. Esto ha llevado a que uno de mis propósitos sea compartir este tipo de información con personas de los países llamados “occidentales” para que tengamos la oportunidad de ver otro tipo de realidades, pero sobre todo de quitarnos los estigmas que hasta el momento caracterizan a la cultura árabe y al islam.


* Rocio Nathaly Pérez Vargas es licenciada en Electrónica con residencia en Bogotá. Especialista en Comunicación Aumentativa y Alternativa y Magíster en Educación Inclusiva Intercultural. Con interés en la fotografía, lectura, viajar para conocer otras culturas y aprender idiomas.


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